La palabra Sopaipilla viene del vocablo andalusí xopaipa, que significa pan mojado en aceite, que a su vez viene del germánico suppa que viene a ser pan mojado en líquido. Se cuenta que las llevaron los conquistadores a Chile y los araucanos bautizaron la “sopaipa” española como sopaipilla en honor a un ave.

La sopaipilla es un pan frito de calabaza muy popular en Chile y algunas zonas de Argentina, se suele comer de desayuno o merienda y para mi fue amor al primer bocado.

Las probé hace muchos años gracias a mis maravillosos amigos chilenos y ellos me contaron también que se consume más en otoño e invierno, se venden incluso en puestos callejeros y son muy populares para merendar. Tradicionalmente se consumían en Chile en los días más lluviosos de invierno, porque así no había que salir al horno de pan que generalmente estaba fuera de las casas.

La masa es bastante neutra de sabor y puede comerse bien con pebre, palta u otros acompañantes en su versión salada, o bien con azúcar glas, almíbar de papelón (chancaca) o miel en su versión dulce, ¡mi favorita!

Se prepara con zapallo, que aquí llamamos calabaza cacahuete, y suerte tenemos que ahora en otoño comienza a estar de temporada y además de estar muy rica cuesta muy poco (1€ aprox. por kilo).

Aprovechando que vuelve la lluvia y que hoy mi “familia chilena” celebra “El Dieciocho” día grande de sus Fiestas Patrias, he intentado homenajearlos preparando sopaipillas en casa. Aunque no están tan buenas como las de mi comadrita, ni como las que probé en los puestos callejeros de Santiago, han quedado bastante bien para ser de las primeras veces que lo intento.

Así que si se atreven conmigo, les cuento…

Mis ingredientes de hoy:

  • 1 taza de calabaza cocida.
  • 2 (o 3) tazas de harina de trigo.
  • 1 cdta. de levadura química (polvo de hornear).
  • 2 cdas. de mantequilla.
  • Una pizca de sal.
  • Aceite neutro (girasol o maíz) para freír.

Preparación:

  1. Cocemos la calabaza al vapor, al horno o al microondas en un bol tapado con papel film, hasta que ablande lo suficiente para poder hacerla puré. Exprimimos bien para eliminar el exceso de agua y la pisamos con un tenedor hasta tener un puré sin grumos.
  2. Agregamos la mantequilla, la levadura y la pizca de sal, y amasamos con las manos agregando la harina poco a poco, cuidando que al amasar se integren bien todos los ingredientes y tengamos una masa homogénea y moldeable que se nos despegue de las manos con facilidad. Podemos añadir un poco más de harina si sentimos que la masa es aún muy húmeda y pegajosa.
  3. En una superficie plana y enharinada, extendemos la masa con un rodillo hasta que tenga al menos un centímetro de grosor, y vamos cortando discos de masa con la ayuda de cualquier molde o tapa redonda (pequeña o mediana) que tengamos en casa.
  4. Calentamos suficiente aceite (mucha) en un caldero de paredes altas o sartén grande, que cubra las sopaipillas al freír. Como siempre digo, aceite caliente que hemos calentado a a la misma temperatura por un rato y no a fuego alto y después más bajo, porque eso haría que se nos quemen las cosas.
  5. Vamos friendo las sopaipillas hasta dorar cuidando que no se quemen, y las pasamos a una bandeja con papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.

Al ser un pan de sabor bastante neutro, se sirven en versiones dulces y saladas. La versión salada más conocida es la que se sirve con el típico Pebre chileno, del que pueden ver la receta en este link. También se suelen servir con aguacate, queso, o salsa de ají.

En cuanto a la versión dulce, las he visto servir con miel, azúcar glas con toque de canela, o con almíbar de panela (papelón, chancaca), recetilla que pueden ver en este link.

Y aunque hoy es martes de no fiesta en Madrid y aún no aprendo a bailar Cueca, celebraré al menos con empanada y vino por Chile y todos los amigos maravillosos que me ha dado.

¡Feliz 18 familia! Y ¡Viva Chile!

Los quiero,

K@

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